Marcos
8:33

Pero Jesús se dio la vuelta, miró a sus discípulos, y reprendió a Pedro.--¡Aléjate de mí, Satanás!--le dijo--. Tú no piensas en las cosas de Dios sino en las de los hombres.

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Marcos 8

1 En aquellos días se reunió de nuevo mucha gente. Como no tenían nada que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

2 --Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer.

3 Si los despido a sus casas sin haber comido, se van a desmayar por el camino, porque algunos de ellos han venido de lejos.

4 Los discípulos objetaron:--¿Dónde se va a conseguir suficiente pan en este lugar despoblado para darles de comer?

5 --¿Cuántos panes tienen?--les preguntó Jesús.--Siete.

6 Entonces mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomando los siete panes, dio gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos para que los repartieran a la gente, y así lo hicieron.

7 Tenían además unos cuantos pescaditos. Dio gracias por ellos también y les dijo a los discípulos que los repartieran.

8 La gente comió hasta quedar satisfecha. Después los discípulos recogieron siete cestas llenas de pedazos que sobraron.

9 Los que comieron eran unos cuatro mil. Tan pronto como los despidió,

10 Jesús se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

11 Llegaron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús. Para ponerlo a prueba, le pidieron una señal del cielo.

12 Él lanzó un profundo suspiro y dijo:* "¿Por qué pide esta generación una señal milagrosa? Les aseguro que no se le dará ninguna señal."

13 Entonces los dejó, volvió a embarcarse y cruzó al otro lado.

14 A los discípulos se les había olvidado llevar comida, y solo tenían un pan en la barca.

15 Tengan cuidado--les advirtió Jesús--; ¡ojo con la levadura de los fariseos y con la de Herodes!

16 Ellos comentaban entre sí: "Lo dice porque no tenemos pan."

17 Al darse cuenta de esto, Jesús les dijo:--¿Por qué están hablando de que no tienen pan? ¿Todavía no ven ni entienden? ¿Tienen la mente embotada?

18 ¿Es que tienen ojos, pero no ven, y oídos, pero no oyen? ¿Acaso no recuerdan?

19 Cuando partí los cinco panes para los cinco mil, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron?--Doce--respondieron.

20 --Y cuando partí los siete panes para los cuatro mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogieron?--Siete.

21 Entonces concluyó:--¿Y todavía no entienden?

22 Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas le llevaron un ciego a Jesús y le rogaron que lo tocara.

23 Él tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Después de escupirle en los ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó:--¿Puedes ver ahora?

24 El hombre alzó los ojos y dijo:--Veo gente; parecen árboles que caminan.

25 Entonces le puso de nuevo las manos sobre los ojos, y el ciego fue curado: recobró la vista y comenzó a ver todo con claridad.

26 Jesús lo mandó a su casa con esta advertencia:--No vayas a entrar en el pueblo.*

27 Jesús y sus discípulos salieron hacia las aldeas de Cesarea de Filipo. En el camino les preguntó:--¿Quién dice la gente que soy yo?

28 --Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que uno de los profetas--contestaron.

29 --Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?--Tú eres el Cristo--afirmó Pedro.

30 Jesús les ordenó que no hablaran a nadie acerca de él.

31 Luego comenzó a enseñarles:--El Hijo del hombre tiene que sufrir muchas cosas y ser rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Es necesario que lo maten y que a los tres días resucite.

32 Habló de esto con toda claridad. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo.

33 Pero Jesús se dio la vuelta, miró a sus discípulos, y reprendió a Pedro.--¡Aléjate de mí, Satanás!--le dijo--. Tú no piensas en las cosas de Dios sino en las de los hombres.

34 Entonces llamó a la multitud y a sus discípulos.--Si alguien quiere ser mi discípulo--les dijo--, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz y me siga.

35 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa y por el evangelio, la salvará.

36 ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?

37 ¿O qué se puede dar a cambio de la vida?

38 Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en medio de esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.